La definición es: igualdad de género implica que hombres y mujeres deben contar con los mismos derechos, los mismos beneficios y ser tratados con el mismo respeto.

La igualdad entre los géneros no es solo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible.

En el campo del desarrollo, la meta de la igualdad de género fue abordada en los años 70 por el llamado “enfoque de la igualdad”, que apuntaba a que las mujeres lograran iguales oportunidades y recursos, a fin de participar activamente en el desarrollo de sus sociedades. Este enfoque presuponía que el acceso de las mujeres a la educación y la capacitación laboral les posibilitaría aumentar sus oportunidades de empleo, representación y acción política, lo que les daría una posición igual a la de los hombres en la sociedad.

En el resto del mundo, la proporción de mujeres con empleo remunerado fuera del sector agrícola ha crecido del 35 por ciento en 1990 al 41 por ciento en 2015. En el norte de África las mujeres suponen menos del 20% de los empleos remunerados en el sector no agrícola.

Cuanto más hagamos uso de la equidad de género en nuestras prácticas, en el lenguaje, en la educación, el ámbito laboral, en la política, es decir, mientras más veamos la equidad de género como una forma o un hábito de vida, se propiciarán relaciones más sanas, donde no esté presente la violencia física, psicológica o sexual entre varones y mujeres.

Mujeres y hombres deben gozar de condiciones iguales en el ejercicio pleno de sus derechos humanos, en su posibilidad de contribuir al desarrollo nacional político, económico social y cultural y de beneficiarse de sus resultados.

 

 

 

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