Tus emisiones, mi hambruna.

Francesco Filippi (Director del área de proyectos de la Fundación MUSOL).

 

Hace unas semanas visitamos algunas comunidades indígenas de la Cordillera del Tunari (Tiquipaya, Cochabamba), en las cuales trabajamos desde hace años promoviendo la mejora de la producción agrícola.  Uno de los ejes fundamentales de nuestro trabajo es mejorar el acceso al riego para que se pueda asegurar e incrementar la producción de patata y de hortalizas. La producción permite abastecer las familias y vender los excedentes, cuyos ingresos se usan para la educación de hijos e hijas, gastos médicos, etc.

En algunas comunidades, unos agricultores nos han contado que, gracias al incremento de los ingresos, han podido sufragar los gastos de la universidad de los hijos e hijas: ¿os imagináis el orgullo para la familia y el enorme paso dado por la comunidad? Comunidades donde hasta hace pocos años prevalecía el analfabetismo y el nivel educativo difícilmente iba más allá de la educación obligatoria, ahora cuentan con personas con educación universitarias.

Mientras el coche subía fatigosamente por caminos de arena empinados, de los 2600 metros de Cochabamba a los hasta más de 4000 metros de la Cordillera del Tunari, las noticias en la radio y los compañeros con que trabajamos en Bolivia nos informaban de la grave sequía que afecta todo el país. Meses sin lluvias y sin nieve están mermando la disponibilidad de agua para consumo humano y para riego. La temporada de lluvia sufre un grave atraso, agravando la situación. En la ciudad de Cochabamba el agua llega 1 o 2 veces por semanas durante algunas horas. Los más afortunados llenan unos tanques para abastecerse durante toda la semana. Muchos se conforman con el servicio discontinuo y se adaptan. Otros, mientras ven que sus cultivos se secan, recuperan creencias y rituales ancestrales, realizan ayunas colectivos y ofrendas a la “Pachamama” para propiciar la llegada de las lluvias.

 

Tus emisiones, mi hambruna. "Refugiados Climáticos". Por Francesco Filippi
La sequía acaba con los cultivos, única fuente de ingresos local. Villa Tunari. Bolivia

 

Empleamos unas 3-4 horas para recorrer menos de 100 km, poniendo a dura prueba los frenos, los neumáticos y la resistencia del auto así como las habilidades del conductor, obligado a conducir por caminos inestables y angostos al lado de barrancos con más de 400 m de desnivel. Llegamos a una de las comunidades más alejadas donde hemos trabajado, donde el personal de nuestros proyectos ha invertido energía, recursos y mucha ilusión para replicar el éxito registrado. Al bajar del coche los remolinos de tierra levantada por el fuerte viento nos embisten. Caminamos un rato hasta llegar a una estructura de acumulación del agua para riego, donde encontramos a gran parte de la comunidad reunida alrededor de un estanque casi vacío, en el cual cae un chorro exiguo de agua. Han fallado las fuentes de agua que habíamos monitoreado y seleccionado con la comunidad entre las que nunca habían reducido su caudal. La sequía ha podido con todas las medidas de prevención que aplicamos. El tanque, que costó horas y horas de excavación por parte de los productores, para el cual tuvimos que emplear dinamita por las enormes piedras que se encontraron durante la excavación, el tanque ahora necesita una semana para  llenarse cuando hace unos meses llenaba en una noche. Los productores han perdido parte de la cosecha, la que no se logra regar con el agua residual que llega.

Varios de ellos toman la palabra, en una de estas asambleas que vivimos en Bolivia en cada viaje y de las cuales tanto aprendemos sobre la verdadera participación ciudadana. Todos coinciden en algo: si no cambia la situación, nos iremos a la ciudad. Aquí no hay para dar de comer a la familia. Iremos a Cochabamba a trabajar de taxistas, o en la obra. Lo que sea. Aquí no da. En España también hubo sequía este verano pero en nuestro día a día casi no lo notamos: no se recorta el agua; seguros, ayudas y obras hidráulicas limitan los daños en el campo, nadie en Valencia ha dejado su casa y su barrio para irse a la lluviosa Santiago. Es verdad que los problemas son cada vez más globales y comunes pero la desigualdad se nota y las personas más vulnerables enfrentan los mismos problemas en condiciones inmensamente más desfavorables.

 

Tus emisiones, mi hambruna. "Refugiados Climáticos". Por Francesco Filippi
El 64% de municipios de Cochabamba sufrío el impacto de heladas, granizadas, sequías, inundaciones, deslizamientos y vientos huracanados en el primer trimestre de 2016.

 

Las familias de esa comunidad serán un grupo más del silencioso pero constante y creciente movimiento de “refugiados climáticos”. Personas que lo pierden todo a causa de los efectos del cambio climático y que se ven obligados a dejar sus casas, sus comunidades, sus lugares por un fenómeno del cual no tienen casi responsabilidad. ¿O acaso la única bombilla de las viviendas de adobe de estas comunidades es una causa relevante de las emisiones de gases de efecto invernadero globales? Me da vergüenza contar a los productores que la sequía que los está expulsando de su comunidad es causada por mi coche, mi aire acondicionado, mi horno, los ladrillos y el cemento de mi casa, la carne que como cada semana, etc.

Con los técnicos del proyecto hemos visitado la micro cuenca que alimenta las fuentes de agua del sistema de riego y hemos identificado acciones a corto plazo para mejorar la capacidad de regeneración y captación de agua, y confiamos recuperar el caudal. Sin embargo, cualquier medida de este tipo tiene un límite, si no llueve, al menos un poco, no habrá nada que hacer.

Ya de regreso de la comunidad, los medios de comunicación informan de que el Parlamento Europeo ha ratificado el Acuerdo de París y, gracias a ello, éste entrará en vigor dentro de pocos meses. Un acuerdo que, por cierto, España aún no ha ratificado. – Lo de la globalización a final no es tan teórico- pienso: los agricultores de la cordillera del Tunari en Bolivia pierden sus medios de vida porque los países que más emiten gases de efecto invernadero no se pusieron de acuerdo a tiempo. De hecho, el Acuerdo de París, si cumpliera sus objetivos (y está todo por ver…), permitirá limitar los efectos más extremos del cambio climático, porque muchas consecuencias ya son inevitables.  No obstante para muchos la globalización sigue siendo algo teórico y el cambio climático una conjetura ecologista: para muchos de los que vivimos entre los privilegiados, claro. Para otros es tan real como tener que coger sus pocos enseres y la familia e irse, porque la tierra ya no produce.



 

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