Acaban de concluir las primeras negociaciones reales sobre el cambio climático desde la conferencia de Cancún en diciembre. Aunque hubo un buen debate sobre numerosos temas en las reuniones celebradas en Bonn del 6 al 17 de junio en el ámbito de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, tanto la situación del clima como las perspectivas del régimen mundial son cada vez peores.

Las emisiones globales de gases de efecto invernadero del sector energético subieron a un nivel récord del cinco por ciento el año pasado, según la Agencia Internacional de la Energía, que describió un escenario apocalíptico de continuar esta tendencia.

Aún más grave es que en Bonn se mantuvo el punto muerto respecto al futuro del Protocolo de Kioto, el régimen legalmente vinculante que compromete a los países desarrollados a reducir sus emisiones en determinados porcentajes. Todos estos países, excepto Estados Unidos, son partes del Protocolo y están obligados a comprometerse a un segundo periodo de reducción de emisiones después del primero que finaliza en 2

Para lograr una transición fluida, las cifras de reducción de emisiones para el segundo periodo deben acordarse en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en diciembre en Durban. Pero Japón, Rusia y Canadá ya anunciaron que no se comprometerán a un segundo periodo del Protocolo de Kioto y los países europeos, aún deben declarar de manera concluyente si firmarán o no.

Si lo hacen, es posible que también lo hagan otros países, como Noruega, Suiza, Australia y Nueva Zelanda. Pero si no lo hacen, sería prácticamente la muerte del Protocolo de Kioto. En su lugar, probablemente se cree un sistema inferior de compromisos voluntarios para países desarrollados y algunos en desarrollo.

La insuficiencia de un sistema voluntario queda de manifiesto en los compromisos que hicieron los países desarrollados. En lugar de reducir sus emisiones para 2020 en al menos veinticinco a cuarenta por ciento por debajo de los niveles de 1990, como lo exige la ciencia, o más de cuarenta por ciento, como reclamaron los países en desarrollo, en realidad continuarán aumentando sus emisiones en seis por ciento en un mal escenario (basado en los compromisos más bajos y el uso de lagunas en el texto) o sólo reducirán un dieciséis por ciento en un buen escenario (basado en los compromisos más altos y sin hacer uso de las lagunas). Esas estimaciones fueron realizadas en diciembre en un informe sobre Medio Ambiente de las Naciones Unidas.

Esos compromisos, junto con los objetivos anunciados por algunos países en desarrollo, indican que el mundo se encamina a un aumento de la temperatura global que se ubicará en un rango de entre 2,5 y cinco grados centígrados antes de finales de este siglo, según anuncia el informe. Esto está muy lejos del “límite de seguridad” ubicado en 1,5 o dos grados centígrados y es una receta segura para la catástrofe.

Otro informe demuestra que los compromisos de los principales países en desarrollo implicarían mayor reducción de emisiones que los formulados por los principales países desarrollados. Según Oxfam, el estudio que encomendó al Instituto Ambiental de Estocolmo (SEI) demuestra que la reducción de emisiones de China podría ser casi el doble de la de Estados Unidos para 2020, la de los países en desarrollo podrían ser tres veces más que las de la Unión Europea para el mismo año y las reducciones de China, India, Sudáfrica y Brasil podrían ser ligeramente mayores para 2020 que los esfuerzos combinados de los siete mayores países desarrollados: Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Rusi

Todavía quedan esperanzas de alcanzar logros en Durban si un número suficiente de países desarrollados deciden entrar en un segundo periodo de compromisos a partir de 2013. Y también si los países desarrollados que permanecen fuera del Protocolo de Kioto hacen un esfuerzo comparable dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

Los países en desarrollo, por su parte, están estableciendo, por primera vez, objetivos nacionales. Según revela el informe del Instituto Ambiental de Estocolmo (SEI), los objetivos de los mayores países son creíbles. En el futuro, a medida que adquieran mayor experiencia y confianza, estos países en conjunto estarán preparados para hacer aún más.

Pero no es justo ni realista esperar que los países en desarrollo hagan los mismos compromisos vinculantes que los países desarrollados. Además, rebajar el sistema actual –que tiene al Protocolo de Kioto como centro– para crear un régimen simplemente voluntario en el cual todos los países pueden elegir cuánto reducir (o aumentar) sus emisiones, es una receta segura para el desastre.

Al concluir las reuniones de Bonn el viernes 17, los países en desarrollo liderados por el Grupo de los 77 y China reiteraron su exhortación a sellar en diciembre en Durban un acuerdo sobre un segundo periodo del Protocolo de Kioto. Si esto no ocurre es posible que presenciemos el desmantelamiento del régimen actual, aún cuando los sucesos que están ocurriendo en todo el mundo, como el aumento de inundaciones, huracanes e incendios forestales, indican que la crisis climática ya nos ha alcanzado.

Martin Khor, fundador de la Red del Tercer Mundo, es director ejecutivo de South Centre, una organización de países en desarrollo con sede en Ginebra.

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