Ponencia presentada por Mary Tere Guzmán en el Foro de Coordinadoras Autonómicas de ONGD: “LAS ONGD TOMAN LA PALABRA”. Valencia Abril de 2011

Esta ponencia está basada en distintos documentos elaborados por ALBOAN que pretenden aportar a la discusión y reflexión entorno al valor añadido de la cooperación descentralizada y, concretamente, sobre el papel de las ONGD en la construcción de una cooperación al desarrollo con rasgos propios.

A. INTRODUCCIÓN: el contexto de la crisis.
En el actual contexto de crisis económica la cooperación al desarrollo española enfrenta importantes retos y cuestionamientos, algunos relacionados directamente con su naturaleza y su proceso de consolidación, y otros originados por la coyuntura económica y política que vivimos.

Como ya hemos expuesto en otras ocasiones1, preguntarnos por la razón de ser de la cooperación descentralizada es una cuestión de gran relevancia en los tiempos que corren. Un elemento que nos obliga a dar respuestas es la crisis económica que se vive en el país. El año pasado, asistimos a los fuertes recortes presupuestarios en materia social y concretamente de la cooperación al desarrollo. Sabemos que no solo el gobierno central está reorientando el gasto para reducir el déficit, sino que también los gobiernos autonómicos y locales se están viendo obligados a revisar sus gastos y a tomar medidas al respecto. Con lo cual, la cooperación al desarrollo también se está viendo seriamente afectada en el ámbito autonómico y local.

Si bien hasta 2009 se hablaba de la cooperación al desarrollo española como una cooperación innovadora y en proceso de maduración, los acontecimientos recientes evidencian un retroceso que cercena muchas de sus iniciativas de solidaridad internacional y que pone en entredicho su solidez.

Por otro lado, en este momento preelectoral en distintas CCAA, tememos que algunos discursos políticos intenten sacar rédito de los recortes presupuestarios a la solidaridad. Los partidos políticos difícilmente se acordarán de sus compromisos con la cooperación internacional en la actual campaña para las elecciones autonómicas y locales. En época de bonanza económica todos los presupuestos en cooperación crecieron. Un indicador de posicionamiento de la cooperación al interior de los gobiernos es conocer si este crecimiento fue inercial o si fue mayor que el crecimiento de los presupuestos de los gobiernos autonómicos o locales, lo cual nos daba cuenta, al menos eso creíamos, de un mayor interés en la cooperación.

En promedio, los presupuestos de los gobiernos autonómicos crecieron entre el 2004 y el 2007, a una tasa de 11% anual2. Algunas comunidades (Andalucía, Cataluña, Madrid o Valencia) incluso muy por encima del crecimiento total de sus presupuestos. Estas condiciones han hecho que el desplome sea mayor, quizá no hace falta recordarnos que en 2010 los presupuestos de cooperación de las 17 comunidades autónomas han descendido un 10,2% frente a un descenso de sus presupuestos totales de sólo el 1,29%3. Todo indica que los compromisos políticos con la solidaridad internacional son para los tiempos de “bonanza” y que ahora no se trata solo de un asunto de “ajuste presupuestario” sino del mensaje político que se da a la ciudadanía cuando los gobiernos se “aventuran” a comprometerse con la cooperación. Resulta difícil sostener el compromiso con el Sur cuando el discurso en la calle está reclamando “primero los de aquí”, y sabemos que no se trata confrontar necesidades sino de poner a las personas en condición de vulnerabilidad y exclusión en el centro.

La imposibilidad de cumplir los compromisos cuantitativos hace que el discurso se desvíe con mayor ímpetu hacia la eficacia de la ayuda. Con esto no queremos decir que no es necesario trabajar incansablemente por la mejora de la cooperación y de su calidad, sino queremos destacar que la eficacia puede convertirse en un discurso “refugio” en el que se amparan recortes, incumplimiento de compromisos e inculpaciones por la falta de eficacia e “impactos” de la cooperación.

Por otro lado bien sabemos que, desgraciadamente, la crisis terminará afectando con mayor rudeza a los países empobrecidos4. Consideramos que hoy más que nunca la cooperación es necesaria, como también lo es la reflexión sobre el modelo de desarrollo que estamos intentando “reavivar”. No podemos olvidar que en otras crisis la caída de la ayuda ha implicado recuperaciones muy lentas, incurriendo en fuertes impactos negativos y unos costos muy altos de recuperación.

Ahora bien, en este contexto de fuerte crisis no podemos dejar a un lado que el discurso de la eficacia ha emergido con mucha más fuerza. Esto, en principio es bueno, porque es necesario cuestionar la eficacia de la ayuda (por su importancia sobre todo la gubernamental), su impacto y la calidad de las intervenciones. No obstante, lo que nos gustaría matizar es que este discurso puede llegar a la cooperación descentralizada en forma de cuestionamiento, trasladando principios y metas que no necesariamente corresponden con su naturaleza, características y tamaño, por lo que tenemos que hacer un esfuerzo aún mayor en discutir y dialogar en torno a la eficacia, para resignificar algunos elementos y que sean acordes con nuestros principios constitutivos y nuestra esencia.

La eficacia de la ayuda (como discurso y como agenda de acción) nos preocupa en la medida que contribuye al avance del desarrollo humano y de la lucha contra la pobreza. Reconocemos que tanto los principios como las acciones promovidas desde este “paradigma” de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) son valiosas, pero su importancia está limitada por la envergadura de la cooperación y su limitada capacidad de aportación real al desarrollo. No podemos olvidar que la cooperación, y la AOD, es solo una pequeñísima parte del gran entramado económico, político y social que tiene un impacto mucho mayor en el desarrollo de los pueblos y de las personas.

La crisis, el discurso de la eficacia y la inminente reconfiguración del sector nos han tomado por sorpresa sin ideas debatidas sobre nuestra cooperación. Nos hemos visto sorprendidos, y a veces solas (las organizaciones), en la disertación sobre qué hacer en este contexto y concretamente sobre el valor añadido de la cooperación autonómica y local.

Antes de avanzar hacia lo que podrían ser algunas pistas para reflexionar sobre el valor añadido de la cooperación descentralizada (si es que podemos llamarle así o quizá es menos presuntuoso decir “aquello que nos caracteriza y el potencial que tenemos”) quisiéramos sentar algunos presupuestos de los que partimos en ALBOAN y que hemos compartido en anteriores intervenciones.

Fuente: ALBOAN

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